Espero críticas y elogios, ceños fruncidos y sonrisas cómplices, lágrimas de emoción y carcajadas ilusas. Si logra este espacio personal alguna de esas sensaciones me daré por satisfecha........
domingo, 4 de septiembre de 2011
IRREVERSIBLE
El vestido. Ese que vive
desde hace tiempo en el ropero.
Ese vestido. Mi vestido.
Largo, a lunares rojos
sobre fondo blanco,
el de los volados.
Hace danzar mis recuerdos
cada vez que lo veo.
Ese que pide salir de su funda
cuando abro el ropero.
Yo lo complazco
cada vez que puedo
y desde el suelo, entonces,
a mi mejilla levanta vuelo;
la acaricia
y lánguidamente vuelve a caer;
ya estuvo en mi hombro
y busca otro amparo:
parece saber dónde anidar.
Obedecen mis pies
su natural intuición.
Sí, aquí están
los zapatos de tacón,
los de sevillana,
rojos, con hebillas,
para la otra pasión.
Y a punto de desatar
tanta espontánea emoción,
la realidad nos detiene
sin ninguna compasión:
veintisiete años pasaron
y ya yo soy otra yo.
BILU
ATRAPADA
Eran aproximadamente las diez de la mañana. Bastante frío y húmedo se presentaba el tiempo en el otoño de "San Octavio"; un pueblito de dos mil habitantes que se prendía del mapa con uñas y dientes.
En el hospital, el único. Más precisamente en la sala de urgencias había sido una mañana tranquila.
Hasta que ingresó Omar, un hombre más bien joven, morocho, con bigotes gruesos y ojos inquietos.
La enfermera de admisión ya lo conocía, no porque en un pueblo pequeño se conozcan todos, sino por sus reiteradas visitas. Casi siempre en situaciones sospechosas e incómodas, trayendo o buscando a su mujer. La que precisamente había ingresado esa mañana con un cuadro de posible aborto.
- ¡Cálmese Omar! ¿Qué necesita, se encuentra usted bien?- le dijo con tono amable Laura, la enfermera.
- Yo lo único que quiero es ver a mi mujer; vi la cama manchada. Este es el único hospital ¿no? Con ella todo lo tengo que imaginar, después no entiende porque me enojo- contestó nervioso y con aire de perseguido golpeando su puño contra el mostrador.
- Si no se tranquiliza no voy a poder ayudarlo. Yo entré en el turno matutino; voy a consultar con mis compañeros del nocturno. Tome asiento en la sala de espera; ya regreso- dijo Laura, que ya veía problemón en puerta.
- Usted no entiende, o ¿está de viva como Nora? ¡No se me puede escapar así! Yo no puedo esperar- y con un brusco movimiento ingresó corriendo y gritando obscenidades contra su esposa al block de urgencias desparramando todo lo que veía a su paso.
El caos de sirenas, gritos, corridas, llantos y golpes enardecían aún más al hombre que seguía avanzando ciego de rabia y con sus ojos escrutando el posible lugar en donde se encontraba Nora.
Se sintió un ruido sordo, hueco detrás de las cortinas que separan las camillas de urgencia de la sala de operaciones. Omar se detuvo. Percibió el peligro...
Al voltearse el médico de guardia lo enfundó con una manta, que había sacado de la ropería, y cayó al suelo rodando junto al hombre que forcejeaba y gritaba: - ¡Desgraciados; ya van a ver!
El médico, aún sobre él, le inyectó un sedante y Omar no demoró mucho en cesar su lucha.
Aún medio anestesiado abre sus ojos y ve a Nora a su lado.
- ¿Qué pasa Omar? Sólo me sentía mareada y manché la bombacha con unas gotitas de sangre. En mi estado pensé lo peor y me vine. No quise despertarte tan temprano y no quería que los chiquilines se asustaran- le dijo Nora fingiendo tranquilidad.
- Señora; en vista de la ecografía que le acabamos de hacer usted tiene que permanecer en reposo unos días. Lo ideal sería que pudiera hacerlo aquí pero lamentablemente sabe que no damos abasto con las camas. ¿Está segura de estar bien con su esposo en su casa? Nosotros le mandaríamos todas
las semanas al médico para controlarla- le informó el doctor observando las manos de la mujer. Sus dedos diestros movían en forma circular y casi paranoica el anillo del dedo anular en su mano izquierda.
- Sí doctor, no hay problema. Lo que pasa es que mi marido es depresivo y hace unos días que no se medica. Ya están pedidas las pastillas en farmacia pero nuestro número es para el mes que viene.
- Bueno, entiendo. Entonces cuando se sienta más tranquila y su marido logre caminar por sus propios medios me avisa con la nurse y le damos el alta- dándole un apretón de manos cómplice y afectuoso.
BILU
En el hospital, el único. Más precisamente en la sala de urgencias había sido una mañana tranquila.
Hasta que ingresó Omar, un hombre más bien joven, morocho, con bigotes gruesos y ojos inquietos.
La enfermera de admisión ya lo conocía, no porque en un pueblo pequeño se conozcan todos, sino por sus reiteradas visitas. Casi siempre en situaciones sospechosas e incómodas, trayendo o buscando a su mujer. La que precisamente había ingresado esa mañana con un cuadro de posible aborto.
- ¡Cálmese Omar! ¿Qué necesita, se encuentra usted bien?- le dijo con tono amable Laura, la enfermera.
- Yo lo único que quiero es ver a mi mujer; vi la cama manchada. Este es el único hospital ¿no? Con ella todo lo tengo que imaginar, después no entiende porque me enojo- contestó nervioso y con aire de perseguido golpeando su puño contra el mostrador.
- Si no se tranquiliza no voy a poder ayudarlo. Yo entré en el turno matutino; voy a consultar con mis compañeros del nocturno. Tome asiento en la sala de espera; ya regreso- dijo Laura, que ya veía problemón en puerta.
- Usted no entiende, o ¿está de viva como Nora? ¡No se me puede escapar así! Yo no puedo esperar- y con un brusco movimiento ingresó corriendo y gritando obscenidades contra su esposa al block de urgencias desparramando todo lo que veía a su paso.
El caos de sirenas, gritos, corridas, llantos y golpes enardecían aún más al hombre que seguía avanzando ciego de rabia y con sus ojos escrutando el posible lugar en donde se encontraba Nora.
Se sintió un ruido sordo, hueco detrás de las cortinas que separan las camillas de urgencia de la sala de operaciones. Omar se detuvo. Percibió el peligro...
Al voltearse el médico de guardia lo enfundó con una manta, que había sacado de la ropería, y cayó al suelo rodando junto al hombre que forcejeaba y gritaba: - ¡Desgraciados; ya van a ver!
El médico, aún sobre él, le inyectó un sedante y Omar no demoró mucho en cesar su lucha.
Aún medio anestesiado abre sus ojos y ve a Nora a su lado.
- ¿Qué pasa Omar? Sólo me sentía mareada y manché la bombacha con unas gotitas de sangre. En mi estado pensé lo peor y me vine. No quise despertarte tan temprano y no quería que los chiquilines se asustaran- le dijo Nora fingiendo tranquilidad.
- Señora; en vista de la ecografía que le acabamos de hacer usted tiene que permanecer en reposo unos días. Lo ideal sería que pudiera hacerlo aquí pero lamentablemente sabe que no damos abasto con las camas. ¿Está segura de estar bien con su esposo en su casa? Nosotros le mandaríamos todas
las semanas al médico para controlarla- le informó el doctor observando las manos de la mujer. Sus dedos diestros movían en forma circular y casi paranoica el anillo del dedo anular en su mano izquierda.
- Sí doctor, no hay problema. Lo que pasa es que mi marido es depresivo y hace unos días que no se medica. Ya están pedidas las pastillas en farmacia pero nuestro número es para el mes que viene.
- Bueno, entiendo. Entonces cuando se sienta más tranquila y su marido logre caminar por sus propios medios me avisa con la nurse y le damos el alta- dándole un apretón de manos cómplice y afectuoso.
BILU
viernes, 25 de febrero de 2011
SECRETOS
- Bonito viaje el que emprenden los navegantes, ¿verdad abuelo?
- Puede ser, todo depende del lugar. Pero podría decirse que es apasionante.
- Contame de los tuyos. Fuiste capitán de navío en España, debes de tener historias fantásticas.
- Tonterías que te contó tu madre. Sólo teníamos una carcasa de madera con la que fantaseábamos a la orilla del mar.
- ¿Cómo a la orilla? ¿Nunca navegó esa carcasa? ¡No me querés contar! Vos sabés que el mar me da miedo; nunca jamás iré mar adentro, cuentes lo que cuentes. Únicamente soy marinero en la pileta del baño, sobre mi barco a pilas, ese que me regalaste para mi cumpleaños.
- Bueno, sí, claro que navegó mi carcasa pero, justamente, cuando yo no lo hubiera querido por nada del mundo.
La había hecho con mis propias manos. Me llevó siete días y sus noches la tarea, siempre acompañado del ronroneo de tu madre, que por ese entonces contaba con seis años. Tu abuela contaba los días que le separaban para conocer a su segundo hijo o hija. En esos tiempos, el sexo de un bebé todavía no nacido era un puro deseo. Tu mamá deseaba un Carlitos; decía que así podría divertirse más porque ya sabés que a ella siempre le gustaron sólo los juegos de varones.
- Pero mamá es hija única. Y la abuela murió al tenerla- interrumpió Ramiro- ¡Estás inventando todo! No me gusta esta historia. Quiero saber la verdad sobre tus viajes con la carcasa, o navío, porque así me lo contó mamá. No mientas más.
- No querido, no estoy mintiendo. Nunca haría algo así con estos temas.
- Entonces, ¿quién me mintió?
- Nadie mi amor. Por eso no quería hablar de esto. No me mires así; te contaré todo pero prométeme que no hablaremos del acontecimiento una segunda vez y que todo quedará entre nosotros.
- Te lo prometo abuelo. Dale, dale ¿qué pasó?
- Un día en que tu mamá y yo habíamos ido al mercado, tu abuela, con siete meses de embarazo, subió a la maldita carcasa y se la llevó mar adentro.
Al atardecer, ya inquietos por la desaparición, la vemos volver. Vacía.
Desde ese momento no la desaté jamás del palo mayor del muelle. Y mandé poner una red para impedir que surcara aguas profundas. Poco a poco nuestros juegos se limitaron a los desembarcos fantásticos: yo le hice creer a tu mamá que esos bucaneros sólo podían mantenerse visibles sobre la espuma, tenían el poder de esfumarse cuando pisaban la arena; por eso, todavía sostiene que su hermano y tu abuela están esperándola más allá del océano.
El murmullo de las olas al rozar las rocas sobre las que Ramiro escuchaba absorto, se apoderó del espacio.
El abuelo miró a su nieto: una lágrima caía sobre su rodilla. Su cabeza gacha y su mano estrujando la arena le apretaron el corazón. Le acarició el cabello y, acercando la boca al oído del niño terminó de inventarle el nuevo secreto: cuando salpiquen tu piel, como ahora, algunas gotitas, recuerda que Carlitos ha venido a jugar contigo; la abuela…la abuela es la aventura que buscan tus pies descalzos.
BILU
- Puede ser, todo depende del lugar. Pero podría decirse que es apasionante.
- Contame de los tuyos. Fuiste capitán de navío en España, debes de tener historias fantásticas.
- Tonterías que te contó tu madre. Sólo teníamos una carcasa de madera con la que fantaseábamos a la orilla del mar.
- ¿Cómo a la orilla? ¿Nunca navegó esa carcasa? ¡No me querés contar! Vos sabés que el mar me da miedo; nunca jamás iré mar adentro, cuentes lo que cuentes. Únicamente soy marinero en la pileta del baño, sobre mi barco a pilas, ese que me regalaste para mi cumpleaños.
- Bueno, sí, claro que navegó mi carcasa pero, justamente, cuando yo no lo hubiera querido por nada del mundo.
La había hecho con mis propias manos. Me llevó siete días y sus noches la tarea, siempre acompañado del ronroneo de tu madre, que por ese entonces contaba con seis años. Tu abuela contaba los días que le separaban para conocer a su segundo hijo o hija. En esos tiempos, el sexo de un bebé todavía no nacido era un puro deseo. Tu mamá deseaba un Carlitos; decía que así podría divertirse más porque ya sabés que a ella siempre le gustaron sólo los juegos de varones.
- Pero mamá es hija única. Y la abuela murió al tenerla- interrumpió Ramiro- ¡Estás inventando todo! No me gusta esta historia. Quiero saber la verdad sobre tus viajes con la carcasa, o navío, porque así me lo contó mamá. No mientas más.
- No querido, no estoy mintiendo. Nunca haría algo así con estos temas.
- Entonces, ¿quién me mintió?
- Nadie mi amor. Por eso no quería hablar de esto. No me mires así; te contaré todo pero prométeme que no hablaremos del acontecimiento una segunda vez y que todo quedará entre nosotros.
- Te lo prometo abuelo. Dale, dale ¿qué pasó?
- Un día en que tu mamá y yo habíamos ido al mercado, tu abuela, con siete meses de embarazo, subió a la maldita carcasa y se la llevó mar adentro.
Al atardecer, ya inquietos por la desaparición, la vemos volver. Vacía.
Desde ese momento no la desaté jamás del palo mayor del muelle. Y mandé poner una red para impedir que surcara aguas profundas. Poco a poco nuestros juegos se limitaron a los desembarcos fantásticos: yo le hice creer a tu mamá que esos bucaneros sólo podían mantenerse visibles sobre la espuma, tenían el poder de esfumarse cuando pisaban la arena; por eso, todavía sostiene que su hermano y tu abuela están esperándola más allá del océano.
El murmullo de las olas al rozar las rocas sobre las que Ramiro escuchaba absorto, se apoderó del espacio.
El abuelo miró a su nieto: una lágrima caía sobre su rodilla. Su cabeza gacha y su mano estrujando la arena le apretaron el corazón. Le acarició el cabello y, acercando la boca al oído del niño terminó de inventarle el nuevo secreto: cuando salpiquen tu piel, como ahora, algunas gotitas, recuerda que Carlitos ha venido a jugar contigo; la abuela…la abuela es la aventura que buscan tus pies descalzos.
BILU
martes, 18 de enero de 2011
SE LE LLAMA VIVIR....
Redes ilusorias
que atrapan recuerdos
y dejan escapar
vivencias inolvidables
de los mejores años
Paredes que hablan,
rincones que asfixian,
jardines que invitan
a vivir esa inocencia infantil
que nos estruja el corazón
golpeándolo sin compasión
Olor a lluvia de abril
mojado por el tiempo
Sabor a helado de vainilla,
a crocante barquillo estival
jugando con el recuerdo
de nuestro exquisito paladar infante
Estrella fugaz
que acaricia
mi cabello rebelde
y despierta los celos
de las nueve lunas
que anidan en mis entrañas
Nostalgia de
ingenuas travesuras,
de tizas escondidas,
de libretas garabateadas,
de esperanzas robadas
e ilusiones prestadas; y
ya olvidadas por el imparable
y monótono sonido del reloj.
BILU
que atrapan recuerdos
y dejan escapar
vivencias inolvidables
de los mejores años
Paredes que hablan,
rincones que asfixian,
jardines que invitan
a vivir esa inocencia infantil
que nos estruja el corazón
golpeándolo sin compasión
Olor a lluvia de abril
mojado por el tiempo
Sabor a helado de vainilla,
a crocante barquillo estival
jugando con el recuerdo
de nuestro exquisito paladar infante
Estrella fugaz
que acaricia
mi cabello rebelde
y despierta los celos
de las nueve lunas
que anidan en mis entrañas
Nostalgia de
ingenuas travesuras,
de tizas escondidas,
de libretas garabateadas,
de esperanzas robadas
e ilusiones prestadas; y
ya olvidadas por el imparable
y monótono sonido del reloj.
BILU
miércoles, 8 de diciembre de 2010
QUISIERA PODER
Quisiera pero no puedo......
Dejar fluir sentimientos, emociones.
Ser lo que deseo ser
Decir lo que no gusta escuchar.
Hacer aparecer recuerdos, mitos,
costumbres olvidadas y casi desterradas
por caprichos infundados.
Quisiera pero no puedo......
Creer en hadas, duendes.
Sentir sin restricciones, sin ahogos.
Florecer en los prados húmeda
de rocío.
Irme a ningún lado con nadie
y volver adormecida de placer
junto a mis ilusiones perdidas.
Quisiera pero no puedo.....
Sonreír cuando descuelgo el teléfono.
Amar sin miramientos y
convivir con brujas, fantasmas, espíritus,
recuerdos, agonías, encantos, promesas,
certezas, amores, enemigos y melodías.
No podría pero quiero.....
BILU
Dejar fluir sentimientos, emociones.
Ser lo que deseo ser
Decir lo que no gusta escuchar.
Hacer aparecer recuerdos, mitos,
costumbres olvidadas y casi desterradas
por caprichos infundados.
Quisiera pero no puedo......
Creer en hadas, duendes.
Sentir sin restricciones, sin ahogos.
Florecer en los prados húmeda
de rocío.
Irme a ningún lado con nadie
y volver adormecida de placer
junto a mis ilusiones perdidas.
Quisiera pero no puedo.....
Sonreír cuando descuelgo el teléfono.
Amar sin miramientos y
convivir con brujas, fantasmas, espíritus,
recuerdos, agonías, encantos, promesas,
certezas, amores, enemigos y melodías.
No podría pero quiero.....
BILU
domingo, 7 de noviembre de 2010
¿CUANDO SE LLEGA AL LIMITE?
-¿Te acordás de Anselmo, supiste algo de él?
-No, después de la internación no lo volví a ver.
-Pensar que había conseguido lo que buscaba desde que la madre de su hija había muerto.
-Si, se había casado con Elena. Era la mejor amiga de su hija, aunque no sé de dónde la conocía. Vos que vivías en el apartamento de al lado ¿cómo conoció a una mujer de un estrato social tan alejado del nuestro, y del de su familia?
- Lo más raro fue ese flechazo inmediato, y siendo bastante más joven que él resultó extraño. Fue en esa fiesta de gala dónde lo habían invitado por intermedio de un embajador al que le pintó su retrato. ¿Te acordás qué bien pintaba?
-Ah! Ahora me acuerdo… Vos también fuiste. Me acuerdo que te pusieron a prueba con una profesora especializada para aprender modales durante un mes. En ese tiempo yo no me frecuentaba tanto con ustedes. Mi papá no me dejaba juntar con su hija, nunca le cayó bien Anselmo. Siempre me decía: < pobre chiquilina con un padre bohemio y huérfana de madre, no puede terminar bien> Por eso no conocí muy bien los cuadros de Anselmo.
-Pintaba de maravilla pero después que el padre de Elena lo denunciara se había encerrado en el desván y sólo salía para ir al baño, hasta la comida se la tenían que llevar porque sino ni se acordaba de comer.
-¿Había sido verdad lo que contaban en el barrio, entonces?
- Si estaba como una cabra. A mí me lo contó Rogelio, el único que lo visitaba porque quería aprender pintura.
-Rogelio ¿pinta también?
-Bueno, no. Desde que se aterrorizó cuando Anselmo le contó todo, no quiso volver a verlo y a la pintura tampoco.
-¿Él fue el que testificó para internarlo entonces?
-Si. Yo lo lamenté por mi amiga. Me acuerdo su rostro encantado cuando entró a la fiesta donde él conoció a Elena.
-Nunca me contaste detalles. ¿Tanto era el brillo de la alta sociedad?
-El lugar era de ensueño. A medida que caía la noche las farolas se iban encendiendo con un ritmo preestablecido que acompañaba el paso de los carruajes que yo creía ya en desuso hacía siglos.
Nos esperaba una escalera de mármol en forma de corazón donde una alfombra roja vestía ese músculo como las arterias visten el corazón humano. Todos se sentían imprescindibles, sangre que corría hacia el centro de la humanidad del lugar. Las arañas vestidas de cristal lucían majestuosas en el centro del salón principal. Las paredes mostraban el arte, orgullosas; parecían sonreír satisfechas a cada mirada halagadora, a cada suspiro llevado por el suave movimiento de abanicos en las manos de elegantes damas de la sociedad.
-¡Qué descripción amiga! Se parece a un cuento de hadas.
-Lo que vino después más que de hadas fue un cuento de terror.
-¡Qué lástima! Todavía recuerdo los detalles que se comentaban en el barrio, la verdad que fue horrible… Yo nunca lo creí del todo.
-Creéme fue lo que escuchaste y más.
-Contáme, me muero de la curiosidad. Siempre me lo imaginé enigmático, hasta seductor por eso nunca creí del todo los comentarios.
-Vení, en mi cuarto guardo una copia de la grabación con la que Rogelio pudo probar su culpabilidad y su locura. En la editorial donde trabajaba, con una noticia así, seguro lo ascendían. En ese momento esperábamos nuestro primer bebé y yo había perdido mi trabajo. No te olvides que Anselmo era un pintor reconocido y máxime siendo el yerno del embajador de Inglaterra. Con lo que vas a escuchar no te van a quedar dudas de su locura.
Se sentaron cómodamente sobre la cama y se limitaron a escuchar:
-Eso es todo. Rogelio salió corriendo horrorizado directamente a la seccional; después ya sabés como terminó.
-¡¡Pobre Anselmo!!
- ¡Qué decís! El hombre estaba totalmente desquiciado. ¡Pobre de Elena!
-Esa no sé, ¿segura que no se lo buscó?
-No; ¿estás loca? Esa aberración no tiene justificación alguna…
Hubo un silencio incómodo y a la vez compartido. Al cabo de unos minutos la anfitriona toma el bolso de su amiga, se lo ofrece y la invita a retirarse diciéndole:
- Creo que no estás pensando claramente. Dale, te acompaño a la puerta y aprovecho a dar un paseíto con Sultán antes que Rogelio llegue de trabajar.
BILU
-No, después de la internación no lo volví a ver.
-Pensar que había conseguido lo que buscaba desde que la madre de su hija había muerto.
-Si, se había casado con Elena. Era la mejor amiga de su hija, aunque no sé de dónde la conocía. Vos que vivías en el apartamento de al lado ¿cómo conoció a una mujer de un estrato social tan alejado del nuestro, y del de su familia?
- Lo más raro fue ese flechazo inmediato, y siendo bastante más joven que él resultó extraño. Fue en esa fiesta de gala dónde lo habían invitado por intermedio de un embajador al que le pintó su retrato. ¿Te acordás qué bien pintaba?
-Ah! Ahora me acuerdo… Vos también fuiste. Me acuerdo que te pusieron a prueba con una profesora especializada para aprender modales durante un mes. En ese tiempo yo no me frecuentaba tanto con ustedes. Mi papá no me dejaba juntar con su hija, nunca le cayó bien Anselmo. Siempre me decía: < pobre chiquilina con un padre bohemio y huérfana de madre, no puede terminar bien> Por eso no conocí muy bien los cuadros de Anselmo.
-Pintaba de maravilla pero después que el padre de Elena lo denunciara se había encerrado en el desván y sólo salía para ir al baño, hasta la comida se la tenían que llevar porque sino ni se acordaba de comer.
-¿Había sido verdad lo que contaban en el barrio, entonces?
- Si estaba como una cabra. A mí me lo contó Rogelio, el único que lo visitaba porque quería aprender pintura.
-Rogelio ¿pinta también?
-Bueno, no. Desde que se aterrorizó cuando Anselmo le contó todo, no quiso volver a verlo y a la pintura tampoco.
-¿Él fue el que testificó para internarlo entonces?
-Si. Yo lo lamenté por mi amiga. Me acuerdo su rostro encantado cuando entró a la fiesta donde él conoció a Elena.
-Nunca me contaste detalles. ¿Tanto era el brillo de la alta sociedad?
-El lugar era de ensueño. A medida que caía la noche las farolas se iban encendiendo con un ritmo preestablecido que acompañaba el paso de los carruajes que yo creía ya en desuso hacía siglos.
Nos esperaba una escalera de mármol en forma de corazón donde una alfombra roja vestía ese músculo como las arterias visten el corazón humano. Todos se sentían imprescindibles, sangre que corría hacia el centro de la humanidad del lugar. Las arañas vestidas de cristal lucían majestuosas en el centro del salón principal. Las paredes mostraban el arte, orgullosas; parecían sonreír satisfechas a cada mirada halagadora, a cada suspiro llevado por el suave movimiento de abanicos en las manos de elegantes damas de la sociedad.
-¡Qué descripción amiga! Se parece a un cuento de hadas.
-Lo que vino después más que de hadas fue un cuento de terror.
-¡Qué lástima! Todavía recuerdo los detalles que se comentaban en el barrio, la verdad que fue horrible… Yo nunca lo creí del todo.
-Creéme fue lo que escuchaste y más.
-Contáme, me muero de la curiosidad. Siempre me lo imaginé enigmático, hasta seductor por eso nunca creí del todo los comentarios.
-Vení, en mi cuarto guardo una copia de la grabación con la que Rogelio pudo probar su culpabilidad y su locura. En la editorial donde trabajaba, con una noticia así, seguro lo ascendían. En ese momento esperábamos nuestro primer bebé y yo había perdido mi trabajo. No te olvides que Anselmo era un pintor reconocido y máxime siendo el yerno del embajador de Inglaterra. Con lo que vas a escuchar no te van a quedar dudas de su locura.
Se sentaron cómodamente sobre la cama y se limitaron a escuchar:
-Eso es todo. Rogelio salió corriendo horrorizado directamente a la seccional; después ya sabés como terminó.
-¡¡Pobre Anselmo!!
- ¡Qué decís! El hombre estaba totalmente desquiciado. ¡Pobre de Elena!
-Esa no sé, ¿segura que no se lo buscó?
-No; ¿estás loca? Esa aberración no tiene justificación alguna…
Hubo un silencio incómodo y a la vez compartido. Al cabo de unos minutos la anfitriona toma el bolso de su amiga, se lo ofrece y la invita a retirarse diciéndole:
- Creo que no estás pensando claramente. Dale, te acompaño a la puerta y aprovecho a dar un paseíto con Sultán antes que Rogelio llegue de trabajar.
BILU
miércoles, 20 de octubre de 2010
NOS VEREMOS SIN TESTIGOS
Es de noche. La muchacha aún recuerda la primer pérdida que expulsó su vientre.
Un sabor amargo paladea su boca la segunda vez; esa que no dejó que madurara en el útero.
La bombilla encendida, meciéndose al compás del viento frío de invierno, es lo único que aún no duerme e ilumina el garaje frente a la
ventana del hospital. Donde, con la mirada perdida, Verónica espera.
El silencio abarca todo. No es una noche más. Es la quinta noche que espera. Su hijo, de dos meses, se le quiere escapar como ya han
hecho sus hermanos. Ésta vez había creído que lo lograba, pero otra vez se le iba.
< No puedo tener nada, cuando creo tenerlo se me va. Una vez salió antes sin permiso, el otro ni siquiera se había formado...y éste, quizá ...no sé.... no le gustó conocerme> No soporto esta espera- gritó sin despegar su frente del vidrio húmedo ni su mirada de la bombilla que seguía luchando contra el tiempo.
- ¿Otra noche más te vas a quedar?- le dijo su amiga tomándola del brazo.
- Las que dure. Como los otros en cualquier momento se me va, me deja- dijo sin despegarse de la ventana
- No digas eso....Tenés que descansar, cuando se mejore te va a necesitar. Es una congestión si, está grave, pero el doctor jamás te dijo que iba a morir.....Vamos ánimo!
- Dejame, andate vos si querés. Yo me quedo.
La bombilla, por fin, no pudo con el temporal y se apagó.
Verónica fue deslizando su espalda contra la pared hasta encontrarse con el suelo y balbuceó y se tragó hasta la última pastilla del frasco, que antes de salir de su casa, le había robado a su madre.
BILU
Un sabor amargo paladea su boca la segunda vez; esa que no dejó que madurara en el útero.
La bombilla encendida, meciéndose al compás del viento frío de invierno, es lo único que aún no duerme e ilumina el garaje frente a la
ventana del hospital. Donde, con la mirada perdida, Verónica espera.
El silencio abarca todo. No es una noche más. Es la quinta noche que espera. Su hijo, de dos meses, se le quiere escapar como ya han
hecho sus hermanos. Ésta vez había creído que lo lograba, pero otra vez se le iba.
< No puedo tener nada, cuando creo tenerlo se me va. Una vez salió antes sin permiso, el otro ni siquiera se había formado...y éste, quizá ...no sé.... no le gustó conocerme> No soporto esta espera- gritó sin despegar su frente del vidrio húmedo ni su mirada de la bombilla que seguía luchando contra el tiempo.
- ¿Otra noche más te vas a quedar?- le dijo su amiga tomándola del brazo.
- Las que dure. Como los otros en cualquier momento se me va, me deja- dijo sin despegarse de la ventana
- No digas eso....Tenés que descansar, cuando se mejore te va a necesitar. Es una congestión si, está grave, pero el doctor jamás te dijo que iba a morir.....Vamos ánimo!
- Dejame, andate vos si querés. Yo me quedo.
La bombilla, por fin, no pudo con el temporal y se apagó.
Verónica fue deslizando su espalda contra la pared hasta encontrarse con el suelo y balbuceó
BILU
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